No están. No debo escucharlos en ningún
lugar, simplemente ya no existo más, solo existo para mí. No están. Quizá pueda
decir que he huido, que tengo miedo, que soy radical, que soy egoísta, que soy
soñadora, que no sirvo. Los he escuchado. La transparencia no vale en un mundo
de mascaras, los mundos vacíos solo añoran ver más mascaras. No están.
Nadie puede escucharme, nadie
sabe, nadie lo merece. De aquí o de allá. Simplemente no se puede encontrar
paz, no se puede hallar algo en los mundos vacíos, no se puede tampoco escuchar
las voces de los mundos vacíos, ya que no dicen nada, nada que pueda importar.
Ha sido imposible amar, el egoísmo
consumió mi ser, solo quise recibir por dar.
“No puedes amar, no sabes amar. Jamás
te amarán” las voces de los mundos vacíos gritan sin cesar. “¿Poesía? No tiene
nada serio para dar”. Voces de los mundos vacíos. Ahora entiendo bien que aquel
que busca opacar los sueños de otro es porque está lleno de sueños rotos.
Y yo, yo solo alcanzo a ser el
fantasma de un pasado frustrado que siempre quieren terminar borrando. Y en
esos días rotos recuerda, solo recuerda, que fuiste tú inspiración a
innumerables versos, innumerables mundos inmortalizados en las letras. Y sí, me
refugio entre el mundo oscuro, entre las criaturas fantásticas de cada libro,
entre los mundos de cada libro oscuro que encuentro. El arlequín, me lleva de
su mano al frio y oscuro lugar en el cual mi alma se hundirá para siempre. Me convierto
en poemas de días grises, entre bosques, entre estrellas. En la ciudad y lejos
de ella, frente a la casa vieja, frente al nuevo edificio. Será mi consuelo magnánimo.
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