Frío, la ciudad del frío. El túnel no está muy lleno,
todos los caminantes se miran de reojo, ven sus almas rotas. La falda es corta,
los hombres me miran con ganas, las mujeres me miran con desprecio. No hay otro
lugar para mí, no hay otra perspectiva. Yo pienso en poder fumar un cigarrillo
y leer Rayuela, poder leer Rayuela sin llorar. En irme lejos, pero no hay
dinero, por eso leo, es mi única forma de viajar.
Estaba sólo pensando en un café en un día de lluvia,
entonces decidí verme con el hombre de la foto y de los chats. No encontramos un
sitio para tomar café, así que decidimos tomarlo en su apartamento. Nada era
personal, era como estar sola y de pronto me abrazo, pidió dos capuchinos, pero
no llegaban. De repente estábamos teniendo sexo y yo quería morir, las lágrimas
rodaban por mis mejillas y aunque me veía llorar, él seguía. En mi mente sólo escuchaba una frase “siempre
serás una cosa”. Cuando terminamos me pidió que me acostara a su lado, no podía
abrazarlo o mirarlo, el corazón me latía con fuerza y yo retenía las lágrimas. Él
se durmió abrazándome, yo pensaba en como suicidarme. Sentí que ya no podía
soportarlo más, que no tenía sentido vivir así. En él veía mi futuro tan claro;
solitaria, materialista y sexual. Tan vacía.
¿Qué será de mi vida? No quiero vivir, lo único que me
queda es escribir para sentir que no estoy tan sola.