domingo, 20 de noviembre de 2016

Sábado

Frío, la ciudad del frío. El túnel no está muy lleno, todos los caminantes se miran de reojo, ven sus almas rotas. La falda es corta, los hombres me miran con ganas, las mujeres me miran con desprecio. No hay otro lugar para mí, no hay otra perspectiva. Yo pienso en poder fumar un cigarrillo y leer Rayuela, poder leer Rayuela sin llorar. En irme lejos, pero no hay dinero, por eso leo, es mi única forma de viajar.
Estaba sólo pensando en un café en un día de lluvia, entonces decidí verme con el hombre de la foto y de los chats. No encontramos un sitio para tomar café, así que decidimos tomarlo en su apartamento. Nada era personal, era como estar sola y de pronto me abrazo, pidió dos capuchinos, pero no llegaban. De repente estábamos teniendo sexo y yo quería morir, las lágrimas rodaban por mis mejillas y aunque me veía llorar, él  seguía. En mi mente sólo escuchaba una frase “siempre serás una cosa”. Cuando terminamos me pidió que me acostara a su lado, no podía abrazarlo o mirarlo, el corazón me latía con fuerza y yo retenía las lágrimas. Él se durmió abrazándome, yo pensaba en como suicidarme. Sentí que ya no podía soportarlo más, que no tenía sentido vivir así. En él veía mi futuro tan claro; solitaria, materialista y sexual. Tan vacía.

¿Qué será de mi vida? No quiero vivir, lo único que me queda es escribir para sentir que no estoy tan sola.

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