Muero de frío entre las garras del destino.
El cielo de tus ojos se nubla; ¡se aproxima una tormenta!
Me miras como se mira el horizonte,
,con anhelo, pero con imposibilidad.
Vuelas libre, como ave, tan sencillo y sublime.
Perderme en la carnosidad de tus labios
era mi único salvavidas. Ahora, retorno vacía.
Los indescriptibles mundos que dibujaban tus palabras,
Se plantan en mis recuerdos como un aliento.
El corazón y el cuerpo persisten en quedarse otro día, una noche.
Quédate cuanto quieras, ave de mis alegrías.
Aquí estoy, toda tuya.
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