Miro como caen las
hojas,
Todas vuelan con el
viento
Y los árboles inmóviles,
intactos,
Permanecen ante tal espectáculo,
Austeros, como si no
se percataran.
Ahora, yo quisiera
ser como los árboles,
Dejar caer mis hojas
sin importarme
A dónde las lleva el
viento,
Inmóvil y hermosa;
sabia y creciendo,
Aun con las raíces profundas,
Insospechada,
tranquila, plena.
Pero ¿qué sucede?
Ahora, en tempestad leve
o fuerte,
Me desmorono sin
poder hacer nada,
Impotente y frustrada,
me entrego a la desesperanza.
Me apiado de mí, con
tristeza me cobijo,
Como si fuese yo un
ser incapaz de vivir.
Adusta, me he
inmaculado,
Con una necedad similar
a la agnición de mí misma.
Quiero precipitarme
en la obra de mi vida,
Hallar pronto la anagnórisis
en mi libreto,
Liberarme, ser yo,
sin miedo.
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